Los padres sentimos pánico ante una posible rabieta de nuestros hijos. Eso es así. Reacciones extremas que pueden darse en cualquier momento, y peor aun, en cualquier lugar.

Los niños sienten frustración ante cosas que aparentemente para nosotros no tienen más misterio que una simple negación ante una petición, pero ellos no saben canalizar ese sentimiento y explotan quedando fuera de control.

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