Hola,

Me llamo Ana y soy la mamá de cuatro pequeñas y adorables fieras. Dos niñas: Julia (5 años) y Sara (7 años) y dos niños: Lorenzo (9 años) y Mattia (3 años). Cuando era más joven, no pensaba en tener tantos hijos, pero la verdad, ahora, a pesar de tantas papillas, lloros y dormir poco, no lo cambiaría por nada del mundo.

Como es evidente, mi marido y yo necesitamos mucha ayuda, por ello, cada año, contratamos una au-pair extranjera que aporta a la familia no sólo esa ayuda tan necesaria a veces, sino también frescura, otros puntos de vista a la hora de educar y mucha compañía y diversión, que creo fundamentales para el desarrollo integral de mis hijos.

Me he lanzado a escribir en este blog, porque mi antigua au-pair, me ha hecho ver lo necesario que es a veces desahogarse y contar a otras mamás las travesuras de nuestros hijos. Compartiéndolas además, te das cuenta que no son tan diferentes de otras cuando también te las cuentan a ti.

Por poner un ejemplo, una cosa que me ocurrió el otro día. Íbamos a cenar (con lo que todo ello supone, por supuesto) os pongo en situación: Yo a los fogones, la au-pair bañando al pequeño, mientras las niñas se ponían el pijama y el mayor llegaba de extraescolares con su padre. Por fin, conseguimos sentarnos todos a la mesa, yo, ese día, con la esperanza de tener una cena tranquila, pues había tenido un día intenso en el trabajo, pero… no.

Lorenzo, mi pequeño loco por la ciencia y primogénito, siempre encuentra la forma de hacer enloquecer al resto. Esta vez, con la primera pinchada de pasta aún en el plato, suelta: “¿sabéis que el Sol, dentro de 5 millones de años, englobará a La Tierra, que desaparecerá?”. ¿Imagináis el resultado? Pues eso es lo que ocurrió. Un repentino caos en lo que yo esperaba una noche tranquila. Julia, la pequeña y más sensible aún a estos temas, se puso a llorar desconsoladamente, ya que aún no ha entendido muy bien la concepción del tiempo y, demasiado aferrada a la realidad de los cuentos de hadas, no sabe distinguir lo cierto de lo imaginario. A la vez, Sara, muerta de la risa porque Julia no había entendido nada y se había puesto a llorar, apretó demasiado el bote de kétchup y el contenido, salió disparado a la camiseta de nuestra au-pair. Mattia, al ver el revuelo causado, también quería algo de atención, así que, metió las manos en su puré y se puso a aplaudir, con lo que ello implica, claro. ¡Hasta las paredes llenas de puré! ¡Madre mía!

Cuando conseguimos poner orden entre los tres adultos, la pasta se había quedado fría, los niños ya no tenían hambre y Mattia iba por su segundo pijama de la noche.

Eso sí, después de todo; nos echamos a reír un buen rato concluyendo que… aburrirnos, no nos aburrimos.

Un saludo mamás, y… un kilo de paciencia también,
Ana.