¿Qué le pasa a mi hijo? de repente no quiere comer pescado, irse a la ducha, ponerse la chaqueta al salir o ver esos dibujos que tanto le gustaban. Siempre nos habían dicho que la adolescencia comienza a los 13 años, pero las reacciones y las respuestas de nuestro hijo nos dejan atónitos.

Efectivamente hay un denominador común entre la adolescencia y los 4 años: la necesidad de marcar su propia autonomía.

A los cuatro años un niño puede imponerse impidiendo todo lo que hemos hecho para él hasta ese momento en cosas como elegir el peinado, ayudarle con la ropa o cortar el pollo. La frase que escuchamos más a esta edad es “¡lo hago solo!”.

Esta no es solo la frase más recurrente, sino también la más importante. Nuestro hijo nos está diciendo que ya está listo para ser mayor. ¿Y nosotros qué tenemos que hacer?, ¡Acompañarle y tener mucha paciencia!

Naturalmente hay muchas cosas que un niño de 4 años aún no sabe hacer o que son muy difíciles para el, no debemos abandonarlo en la frustración de no poder hacerlo. La solución es acompañarle, ayudarle a buscar la manga de la camiseta, mostrarle cómo nos atamos los zapatos, sujetarle el vaso mientras se sirve el agua etc.

¿Pero dónde está el límite? Nuestro hijo necesita buscar nuevos desafíos y aumentar su autonomía pero sigue siendo un niño de 4 años con mucho que aprender. En una familia es necesario fijar algunas normas y los niños las necesitan en su día a día, nosotros debemos ser los primeros en seguirlas si queremos que nuestro hijo tome ejemplo. No levantarse de la mesa mientras se cena, ir a la ducha, las cosas se piden sin gritar son algunas de las normas básicas que todos debemos cumplir.

Dos o tres normas fijas nos facilitarán la vida. Tampoco hay que ir al extremo de “no toques” “no digas” “no hagas”, puede resultar contraproducente.

Mamás y papás, nada de miedos, también hay cosas preciosas que se producen a esta edad. A los 4 años nuestro hijo da un salto increíble en cuanto a la capacidad de planificar y razonar, esto dará lugar a momentos estupendos de diálogo con nuestro pequeño. Tendremos momentos con nuestros hijos de preguntas, explicaciones y razonamientos tan profundos que nos dejarán sin palabras.

Así que disfrutar y aprovechar al máximo de esta etapa tan importante, porque nos dará una conexión inolvidable con nuestro hijo que nos recompensará para siempre.